Dulce Tránsito
Su último suspiro no fue una despedida. Fue un momento de exhalación de libertad.
Su cuerpo que antes conoció la gravedad y el dolor, comenzó a desdibujar sus bordes, perdiendo peso y ganando una intensidad nueva.
No hubo desvanecimiento, si no una transmutación serena.
La sangre se volvió destello y su color se transformó en una nota musical sostenida.
Al instante de dormir, despertó en otro escenario y descubrió en él un camino que le invitaba a transitar.
Al cruzar el umbral, de este dulce tránsito, la forma física quedó atrás como una crisálida vacía.
Lo que antes era materia ahora era un haz de energía consciente y en movimiento, una frescura pura integrándose en el tejido de nuevas realidades.
Es aquí donde descubre otras cualidades como:
colores que se escuchan,
frecuencias de paz que limpian el alma con cada pulso y
una luz sin sombras, una claridad que desnuda la verdadera esencia.
Comienza el tránsito, un dulce tránsito.

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